La casa como imaginario

Pasado ya el tiempo de su dulzura, pasará el tiempo de su ardor. Y quedará allí donde nadie jamás pueda habitarla, donde no haya viento que la desarme, donde los bordes de la oscuridad contengan el río de su estirpe, el fiel de la palidez arquitectónica. Nada contengo, nada contuve. Tú eres la casa como imaginario, la casa inhabitada, el vacío inenarrable, el corazón de estelas que van y vienen, el álbum de todas las traiciones, el solo habitáculo que las luces alumbrarán, con horror, el último día de las rosas…